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lunes, 17 de enero de 2011

Uno, dos, tres.

Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Uno, dos, tres.
Ya habia terminado. No tenía mas que darse la vuelta y lo comprobaria por si mismo.
Uno, dos, tres.
No era realmente necesario seguir contando. Habia escuchado él mismo como caia al suelo.
Uno, dos, tres.
Sabía que había muerto. Sabía que ya no tenía nada que temer, y, aun así, no podia parar de contar, no se atrevía a mirar hacia atras.
Uno, dos, tres.
Tenía miedo de que hubiera conseguido, de algun modo, librarse de su destino, que hubiera conseguido sobrevivir...
Uno, dos, tres.
Cada vez estaba menos convencido de haber oido algo hace un rato, y cada vez estaba más seguro de que si había oido algo no tenía porque ser el ruido de una persona cayendo al suelo. Podría tratarse de cualquier otra cosa.
Uno, dos, tres.
Fuera como fuese, no tenía sentido seguir alli. Se había decidido. Iba a mirar. Iba a comprobar que... que había muerto. O quizas iba a mirar a la cara a la muerte.
Uno, dos...
Tres.

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